| VIVENCIAS DE INMIGRANTES |
| Escrito por Jupape | |
| martes, 03 de febrero de 2004 | |
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«Trabajé en muchas casas en las que no quisieron legalizarme» Lourdes de 19 años, el título de Bachiller bajo el brazo y 1.300 dólares en la cartera, pedidos a un prestamista que forzó la hipoteca de la casa materna. Con ese capital, sólo adornado por la ilusión, Lourdes aterrizó en Gijón hace cuatro años, dejando atrás, en Ecuador, a su familia. A toda excepto a su hermano mayor, el primero de los hermanos de la familia en buscar en España un futuro que en su país natal se trocó en imposible. Y cuatro años después, la adolescente es una feliz mamá, que quiere para su Sheila, una bebita de seis meses, «un futuro en Gijón, donde tendrá muchas más oportunidades que en Ecuador». A su país natal sólo piensa en volver «de vacaciones», porque la situación allí «tiene difícil solución». ¿Guión de Disney? No. Es la historia real de Lourdes, con rasgos comunes al resto de las casi 500 ecuatorianas empadronadas en Gijón, aunque la protagonista reconoce que ella es «una privilegiada» por el mero hecho de «no haber sido maltratada». Aún así, Lourdes tardó «casi un año en tener mis papeles, porque trabajé en muchas casas en las que no quisieron legalizarme. No había ningún problema, ni de trato ni por mi trabajo, pero no querían meterse en problemas por darme un contrato». Así fue cuidando «bebés, güelos -narra en un 'ecuatoriasturiano'- y limpiando casas», hasta que encontró «una familia que sí me dio una oferta de trabajo que me permitió legalizar mi situación». Antes de lograr los ansiados papeles, Lourdes vivió interna, compartió piso con otros 16 compatriotas «dormíamos cuatro en una habitación», y con sueldos siempre inferiores a los 600 euros «pagué alquiler, mandé dinero a casa y cancelé el préstamo. Tardé un año en devolver los 1.300 dólares que me dejó, después de obligar él a mi mamá a hipotecar la casa de allá». De sus empleadores tiene siempre buenas palabras, pero sí sabe de compatriotas «que lo pasan muy, muy mal». Su única experiencia desagradable fue en una búsqueda de trabajo «en la que me llamó un señor para ofrecerme trabajar en su casa como..., bueno. Fue asqueroso. No dejó de molestar hasta que contestó el teléfono mi marido». El 'héroe', Iván, también ecuatoriano, «está pasando ahora lo mismo que yo: tiene ofertas, pero no le dan los 'papeles'». El susodicho ratifica interés y objetivos, «soy un buen pintor». Ella asiente, «vivimos de mi trabajo en una sidrería». ¿Un deseo común? «que Sheila tenga lo que no tuvimos nosotros». No piden más. |
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| Modificado el ( sábado, 04 de febrero de 2006 ) |
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