| De inmigrante a propietario |
| Escrito por Horacio | |
| lunes, 17 de abril de 2006 | |
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Extranjeros residentes en Oviedo explican las trabas que encuentran para comprar piso y solicitan ayudas para el acceso a la vivienda Llegaron para ganar dinero y con la esperanza de regresar a su casa. Pero se han asentado en Oviedo y algunos ya no desean volver a sus países de origen. Muchos inmigrantes empiezan a comprar viviendas en la ciudad y, lo que ya es difícil poseyendo un DNI, se les hace casi imposible con una tarjeta de residencia. Por eso reclaman una línea de ayudas específicas por parte de las instituciones, que les permitan mitigar los problemas causados por su situación laboral o las dificultades que encuentran para conseguir préstamos bancarios. Según Sabina Albán Jara, propietaria de una agencia inmobiliaria que gestiona la compra de pisos para muchos inmigrantes, el problema reside en la falta de confianza de las entidades bancarias. «No se fían de los extranjeros, aunque a veces son más puntuales para pagar que muchos nacidos aquí». Además, la situación sociolaboral de los miembros este colectivo incide directamente en sus dificultades para conseguir una hipoteca. «Hay muchos inmigrantes asegurados a media jornada, aunque trabajen a jornada completa; luego les pagan por otro lado», asegura Sabina Albán Jara, de origen ecuatoriano pero nacionalizada española desde hace varios años. Sabina Albán y Corina Jara Farfán, propietarias ambas de inmobiliarias, son conscientes de que el paso de adquirir una vivienda va más allá de las cuestiones de dinero. A muchos inmigrantes les sirve para acreditar una estabilidad que permita la reagrupación familiar y, además, en palabras de la dominicana Milka Martínez, «estamos subiendo un escalón en la sociedad, saltando un muro». Quizá las mayores dificultades se encuentran en el alquiler de un apartamento; «es mucho más complicado que comprarlo. Cuando vendes, te da igual a quién lo haces, pero para alquilar hay muchos reparos y es cada vez más caro. Por eso muchos inmigrantes se están decidiendo a ser propietarios», segura Sabina Albán. La experiencia de esta gestora inmobiliaria le permite trazar un mapa de los pisos que compra este colectivo. «Nada de vivienda nueva, eso es impensable; son pisos de Vallobín, la Tenderina, Ventanielles... siempre las zonas más baratas». Esto lleva a Sabina Albán a poner sobre la mesa otro de los problemas del colectivo: «la mayor parte de las veces son pisos viejos, con reformas pendientes, y nunca conseguimos ninguna ayuda para que los arreglen o los amueblen». La dominicana Sobeida Martínez Santos es una de las mujeres que ha comprado piso en la agencia de Sabina Albán. Vino a España muy joven, apenas adolescente y, a pesar de llevar catorce años en el país, a veces se siente tratada como una extranjera. «Cuando buscas un piso en alquiler, te rechazan ya al llamar por teléfono y en los bancos, sólo con verte el color de piel hay veces que ni te reciben», denuncia Sobeida Martínez. Ella decidió, tras mucho tiempo de alquiler, comprar un piso para sus hijos. «Quería dar estabilidad a mis dos hijos. No pienso volverme a la República Dominicana, salvo de visita, porque ellos han nacido aquí y la vida allá es muy dura; no podrían adaptarse». La joven consiguió las llaves de su vivienda el año pasado, «mis jefes me ayudaron mucho; la mayoría no tienen tanta suerte», asegura. «Quiero traer a mi niño» Su prima Milka Martínez Durán ya lleva trece años en Asturias, pero tiene a su hijo al otro lado del charco. Trabaja, como muchos compatriotas, en hostelería y luchó por ser propietaria porque «me quiero traer a mi niño y en la Administración me piden unos requisitos para la reagrupación familiar. Me decidí a comprar un piso para demostrar que tengo una estabilidad». Nacido en Ecuador, Mario Ligermena tiene 54 años y lleva nueve en Oviedo. «Uno viene con el ánimo de traer a la familia y les tiene que encontrar un alojamiento como sea», explica. Este ecuatoriano trabajó varios años en la construcción, lo que le permitió ahorrar -los sueldos en la construcción están por encima de la media de lo que cobra un inmigrante-. Sin embargo, cuando buscó piso fueron las propias agencias inmobiliarias quienes le echaron para atrás. «Las que son de españoles ya te ponen pegas. No quieren tomarse la molestia», mantiene. Gilberto Sarita Rodríguez, trabajador de la construcción, se considera «casi nuevecito», pues solo lleva tres años y medio en España. «Pero me motivó a comprar lo mismo que a todos; quiero traer a mi familia, tengo cuatro niños». El dominicano asegura que, «a pesar de todo, si aquí el acceso a la vivienda está difícil, en nuestro país es peor». A la hora de comprar un piso, «nuestros jefes nos lo ponen muy difícil», asegura Gilberto Sarita, «por un solo papel te ponen todos los problemas del mundo». «Es comprensible», matiza Sabina Albán Jara, «porque a veces los empleadores asumen la responsabilidad de responder por alguien y sí hay gente que los deja o los ha dejado tirados. Pero estamos pagando justos por pecadores». |
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