Así viven los musulmanes de Lavapiés tras el 11-M
Escrito por Jupape   
Friday, 18 de June de 2004

Los inmigrantes de origen marroquí que viven en Lavapiés admiten tener miedo. Allí se practicaron algunos arrestos en relación con la matanza del 11-M
Es casi la una de la madrugada y en la calle Lavapiés hay un atasco propio de la hora punta. Se oyen gritos, acentos árabe y español que suben de tono. Los vecinos se arremolinan en los balcones. Hace una semana que arrestaron en el barrio a tres marroquíes relacionados con el atentado del 11-M. Cinco coches cortan el tráfico, dos de ellos de la Policía Nacional, para interrogar a tres árabes que pasaban por allí.
De hecho, la presencia policial ha aumentado considerablemente desde el día de los atentados en un barrio que cuenta con un 27,3% de población extranjera declarada y un otro tanto por ciento que entraría en el epígrafe sin papeles.

“Ya no salen a la calle”
“Estamos muy tranquilitos y es fenomenal que estemos protegidos. Claro que hay mucha presencia policial –pasa una furgoneta con agentes por la calle– ¿ves?, y muchas detenciones y petición de papeles que no vienen nada mal, porque aquí hay marroquíes que se dedican a robar continuamente”, comenta María, que regenta una tienda de complementos al por mayor en la calle Tribulete. “Los marroquíes ya no salen a la calle, ni los senegaleses, porque la Policía y los secretas les piden los papeles. Tampoco los sudamericanos que no tienen papeles”, asegura el presidente de la Asociación de Vecinos La Corrala de Lavapiés, Manuel Osuna.

Pero la situación, vista desde el otro lado del cristal, se torna dramática. Amina vive en Madrid desde hace 16 años, los tres últimos en Lavapiés. Su marido, vendedor ambulante, no tiene papeles. “Yo le digo que no salga de casa porque están parando a los marroquíes”, afirma Amina. Por este motivo, la vida callejera del barrio ha sufrido un parón importante. Los habituales encuentros entre vecinos en la plaza, alrededor de la boca del metro, casi se han suspendido. Más de una patrulla vigila continuamente la zona. Abdullah, otro vecino, asegura que no sólo hay Policía española. “He visto muchos agentes y menos gente en la plaza, hasta la policía secreta marroquí estaba aquí”.

Problemas con el velo
Pero a Amina, empleada de hogar y originaria de Marruecos, le preocupa también otra cosa: “Yo, como muchas otras señoras, ya no llevo pañuelo ”. Amina siente miedo y ha preferido no llevar el velo típico porque nota cómo la miran “con mala cara”. La vida es difícil estos días para los inmigrantes de Lavapiés, pero no sólo para los árabes, sino también para el resto de colectivos.

Senegaleses, angoleños, brasileños, etc. también se sienten vigilados. “Ahora paran mucho más a la gente, pero la Policía sabe que los negros no somos terroristas”, sostienen. Desde las instancias policiales, el dato que indica la presencia de las fuerzas de seguridad baila de un teléfono de información a otro, sin resultados. La oficina de prensa del concejal del ramo, Pedro Calvo, asegura que este tema depende directamente del Ministerio del Interior.

Lavapiés no existe
“Lavapiés no existe. Es una calle y una boca de metro. El barrio se llama Embajadores”, afirma Manuel Osuna. Embajadores concentra una población extranjera de 50.998 personas, según datos del Ayuntamiento de enero de 2004. El informe del Gobierno municipal señala al barrio como uno de los receptores más importantes del incremento de población extranjera, que en todo Madrid casi se ha duplicado desde enero de 2002, cuando se contaban en la capital 283.384 extranjeros. Por países, Marruecos es el cuarto en la lista de lugares de origen de los nuevos vecinos, tras Ecuador, Perú y Colombia. El índice de marroquíes empadronados en Madrid –unos 21.645 habitantes– aumentó en un 10,60 % desde 2003.

“Cierta preocupación”
Kamal Rahmouni, vicepresidente de ATIME (Asociación de Trabajadores e inmigrantes Marroquíes en España) insiste en que la situación es de normalidad en el colectivo marroquí residente en Madrid. A su juicio, “no ha habido ningún altercado serio” de racismo, aunque reconoce que “hay una cierta preocupación, lógica, porque no vaya ser que lo confundan a uno con menganito o fulanito”.

De hecho, admite que sí se han dado algunos brotes racistas “de carácter esporádico”, como insultos a marroquíes en la calle. “Con el enfado, hay incluso algunos que han tolerado esos comportamientos”, añade Rahmouni. Incluso califica la presión policial de la que se quejan algunos inmigrantes de “positiva”, ya que puede evitar tensiones y garantizar que “la gente se sienta segura”. En su opinión, “esto no va a durar mucho más”.

Otros marroquíes, como Nabil, cuentan sus temores: “Soy marroquí y tengo miedo a llevar una mochila, ya que si vas a trabajar en metro todo el mundo te mira y hasta te llaman moro de mierda”. Nabil reitera que “por culpa de uno no tienen que pagar todos, también aquí hay terroristas de ETA”.

El barrio, según algunos vecinos, no levanta cabeza. “La gente está un poquito revuelta y no se fían unos de otros, porque piensan que aquí puede vivir algún otro implicado en los atentados”. Pero la seguridad no es el único quebradero de cabeza de los habitantes de Lavapiés. También hay “mucha inseguridad”, comenta Santiago, guardia de seguridad de un popular supermercado.

Los días pasan y se suceden los homenajes a las víctimas, también por parte de los colectivos extranjeros, entre los que se encuentran muchas víctimas de los atentados del 11-M. En un acto reciente de las ONG de inmigrantes, Abdul Ghani, de la Asociación Cultural Islámica Ahlul Bait, presentó el manifiesto inmigrantes y españoles unidos contra el terrorismo y recalcó que , quienes cometieron la barbarie, “no representan a ningún país ni a ninguna religión, simplemente son la expresión del fanatismo criminal”.

“ESTO SE VEÍA VENIR”

“En cierto modo, esto se veía venir”, espeta César, propietario del tradicional bar El Montes. “Si tienes un negocio y pagas 400.000 pesetas por el alquiler pero el negocio gana dos pesetas, hay algo que no se puede sostener”, afirma en relación a los nuevos comercios de los inmigrantes del barrio, como locutorios o ultramarinos, en su mayoría paquistaníes o marroquíes. “Hay gente que ya no viene al barrio y también es porque la información que se muestra en los medios de comunicación es sólo negativa. Aquí vive gente muy amable” añade, serio.

 
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